domingo, enero 31, 2010

Humor médico





































Si eres homosexual no puedes ser buen padre - Román Revueltas Retes


Según parece, una mayoría de ciudadanos se opone a que las parejas del mismo sexo puedan adoptar niños. Este significativo desacuerdo le hace el caldo gordo a los políticos conservadores de este país: “Podría aceptar tal vez que se casen los homosexuales pero esto de la adopción es demasiado, es el colmo, es una aberración”. Y así, ya entrados en gastos, arremeten en su conjunto contra las leyes que promulgó la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. De tal manera, la Fiscalía de la nación ha decidido brincar al ruedo y ya cuestiona la mismísima validez jurídica del matrimonio civil entre gays y lesbianas, aduciendo quién sabe qué preceptos constitucionales e ignorando, de paso, el sacrosanto principio de igualdad.
Está muy en su papel, la Procuraduría General de la República. Finalmente, tenemos un Gobierno conservador. Pero, no nos debemos quejar. En Estados Unidos (de América), la derecha religiosa ha promovido que en la escuela no se enseñe la Teoría de la Evolución de Darwin sino la tesis de un “diseño inteligente” que explicaría, de un plumazo, la acabada existencia del ser humano a partir de un mero soplo divino. Aquí, a pesar de que nuestros puritanos se inquieten de que los libros de texto traten asuntos de sexualidad, no hemos llegado a tan inquietantes extremos. Algunas escandalizadas vociferaciones por ahí, un par de golpecillos de pecho y sanseacabó.
Pero, volviendo al tema, a ver ¿qué se imaginan —unos y otros, es decir, los ciudadanos y sus representantes— que le pueda pasar a un chico educado, digamos, por dos lesbianas? ¿Qué abusos fantasean, qué consecuencias temen, qué irremediables secuelas prevén? Supongo, por lo pronto, que asocian las inclinaciones sexuales de los padres adoptivos con alguna forma de maltrato. Y esta presunción, señoras y señores, entraña obligadamente una desconfianza fundamental sobre la condición de homosexualidad, una sospecha de que dos individuos gays no pueden ser, de entrada, buenos padres. Naturalmente, en el mejor de los mundos todos los niños deberían ser hijos de una pareja de personas heterosexuales amorosísimas y, como dice Luis González de Alba, “ricas y guapas”. Digo, por qué no. Resulta, sin embargo, que el “matrimonio tradicional” por sí mismo no garantiza en manera alguna el bienestar de los hijos. Es más, no asegura ni siquiera su integridad física. Las historias de abusos y violencias ocurren, justamente, en muchos de los hogares cuya legitimidad ha sido plenamente acreditada por el Estado y consagrada, encima, por la Iglesia. En cuanto a los abusos sexuales contra menores, he aquí que los han perpetrado, en sorprendente cantidad, los propios sacerdotes. Peor aún: han cometido estos crímenes invocando el nombre de Dios, escudándose en la sotana y blandiendo el crucifijo. ¿Alguien propone, en estos momentos, una legislación para que ningún cura se acerque a un niño?
Supongo, también, que si una pareja de personas del mismo sexo pretende adoptar un bebé es porque ama, en el sentido más cristiano de la palabra, a los niños. En todo caso, podríamos afirmar que ese pequeño adoptado tendrá mejor suerte que el chico quemado con cigarrillos por unos padres “constitucionalmente” casados (uso el término porque, miren ustedes, el tema, por lo que parece, ya tiene que ver con doña Constitución). Y, desde luego, el chico educado por una pareja de gays que lo llevan a clases de inglés por las tardes, que le ayudan con las tareas, que le organizan una fiesta de cumpleaños, que lo cuidan y lo atienden, será infinitamente más feliz que ese bebé abandonado, desde sus primeros días, en un orfanato donde nadie le brinda una pizca de cariño. Lo seres humanos, estimados lectores, necesitan ser amados para que su corazón no se marchite.
A propósito, justamente, de esta ley sobre la adopción, escuché hace poco el argumento de que la Asamblea Legislativa no hubiera debido meterse en aguas tan profundas. ¿Por qué? Pues, porque los homosexuales que desean adoptar a un infante serían, después de todo, unos pocos, una decena apenas en la ciudad donde se ha decretado la polémica disposición legal. No valía la pena, pues, jugar con fuego. Bastaba con la ley de convivencia o, en todo caso, con la del matrimonio. Esto, sin embargo, no es un asunto de porcentajes. Es una cuestión de derechos que, por definición, deben ser universales y no excluyentes. Pues eso.

revueltas@mac.com

Fuente : Milenio

Dice el Universal que el "Travieso" Arce es campeón "Supermosa"

sábado, enero 30, 2010

¡Viva México!

Cervantes era gay

Que nuestro querido Cervantes era querido de otro lo afirma Sergio Fernández en un libro académico: El Mediterráneo de Cervantes, su juventud: Italia y Argel; un recuento conversatorio y simpatizante de la digresión, la erudición y el chismecillo.


El máximo en lengua española, Miguel de Cervantes Saavedra, fue esclavo. De 1575 a 1580 fue propiedad de Hasán Veneciano. Y, según revela un estudio, su amante.

Que nuestro querido Cervantes era querido de otro lo afirma Sergio Fernández en un libro académico: El Mediterráneo de Cervantes, su juventud: Italia y Argel (Conaculta-UNAM, 2009); un recuento conversatorio y simpatizante de la digresión, la erudición y el chismecillo.

Ahí se debate si Cervantes era bardaj (pasivo) o era bujarrón (activo).

Fernández lo describe como “un pobre soldado manco, desconocido, pobre, enfermo y valiente” y agrega que él y su amo “muy posiblemente hayan tenido relaciones íntimas, nada inusual en el medio argelino y en todo el Magreb”.

Los motivos se sospecha de menor envergadura es que especialistas —como Françoise Zmantar— han ubicado ambigüedad sexual en personajes y relaciones de Los baños de Argel —basada en su cautiverio— y, en general, en su obra hay aire de algo que hoy hemos aprendido a reconocer gracias a estudios y literatura queer y gay.

Otro motivo de fuerte sospecha es que Cervantes intentó fugarse cuatro veces y su amo extrañamente lo perdonaba.

A estas evidencias yo quisiera agregar una pop. Hoy sabemos que Batman y Robin secretamente eran pareja —caray, basta verlos, puro drag queen— y, por su parte, Sancho y Don Quijote resultan, en retrospectiva, bastante sospechositos.

¿Por qué no se habla de la homosexualidad de Cervantes?

Primero que todo, porque si enlistamos a los grandes escritores —de Platón a Proust y de Whitman a Ginsberg, y de Gide a Lezama— pocos son heterosexuales. Y este asunto poco se toca en nuestras machas universidades y menos aún en contraportadas comerciales.

Además, porque a los españoles se las paran los pelos cuando el tema es abordado. Si lo hace un exegeta mexicano es porque ya se sabe excomulgado de la cervantología hispánica de antemano.

Pero no es, pues, la primera vez que se especula “la posibilidad de que la homosexualidad pudiera ser un componente más de su perfil biográfico, en particular durante sus cinco años de vida en Berbería”. Y no será la última.

Ya Kathy Acker en su Don Quixote volvió al caballero una mujer delirante y a Sancho, un perro, para dejar clara la falsedad de toda identidad social.

Podría ser que este siglo sea el que convierta a Cervantes en un ídolo de la cultura gay e inclusive dominatrix.

Si Madonna se entera, Cervantes será coreografía loca de su nueva gira.

Si nuestros dirigentes mochos leyeran y se enterasen de este dato sobre Cervantes, dadas las circunstancias, podría ocurrírseles prohibir la lectura de El Quijote, por temor a pervierta a sus hijotes.

O se vuelvan evidentes sus propios antojos escondidos.


Heriberto Yépez • www.hyepez.blogspot.com

A ver si en Guanaluato no les molesta tanto a los panistas la noticia que prohiben el Festival Cervantino...